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"HERENCIA Y COHERENCIA"

El entrevistado de este capítulo es Federico Pavlovsky.
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Sobre la Lactancia



Les compartimos esta columna de la matrona de neonatología Carolina Esparza, quien es coordinadora del Área de Vínculo, Apego y Lactancia de Serbal Centro Desarrollos Sistémicos. La especialista en vincularidad y coordinadora de grupo realizará este sábado 14 de octubre la Charla “Aproximaciones a la Lactancia: Técnica; Relacional y Vincular”, que es organizada por este Centro junto a Mamifit Chile.

La lactancia materna es uno de los procesos de la maternidad y de la crianza que puede generar angustia e incertidumbre en un número importante de mujeres que se convierten en madres. Se asocia más a quienes lo son por primera vez, sin embargo no es exclusivo de ellas.

Hay diversos factores que influyen en esta condición y que  resultan muy comprensibles cuando una madre amamanta: Es un proceso, que ocurre en condiciones especiales, tanto físicas como emocionales. Involucra una gran responsabilidad, en cuanto hay un pequeño ser que depende absolutamente de ella para su subsistencia.

Implica un aprendizaje constante y flexible de parte de la madre, en el sentido de que no existe un manual de procedimientos que establezca como dar pecho correctamente, ni cada cuánto tiempo, porque se adapta a las necesidades del hijo/a. En esto, el contexto en que ocurre este proceso es muy importante.

Sin embargo, hay situaciones en las que la angustia está relacionada con la exigencia familiar y social, arraigada profundamente y que ha convertido a la lactancia materna en el instrumento para evaluar que tan buenas madres somos y la calidad del apego que tenemos con nuestros hijos.

Todo esto puede influir en las madres y generar estrés o situaciones como  que se nos agrieten los pechos desde la primera succión y que nos sangren; no producir la suficiente cantidad de leche, a pesar de tomar cuatro litros de agua diarios; o que la leche sea delgada y no satisfaga las necesidades nutricionales del nuestro hijo/a. O que su llanto nos resulte tan incomprensible y agobiante que terminamos llorando junto con ellos a los tres días de haber nacido, a pesar de intentar por todos los medios de no mostrarle nuestra inseguridad y desesperación, porque “les hace mal”. Así se van sumando motivos para dejar de amamantar con la fantasía de que el suplemento o la fórmula nos devolverán el control y cierta autonomía que, este rato, sentimos totalmente perdida.

      ¿Qué hacer ante esto?

 

Probablemente sea una de esas situaciones en la vida que requieren del máximo de empatía y de cuidado por parte de los profesionales a cargo del binomio madre-hijo/a y también por parte de quienes les acompañan (pareja, familiares cercanos, entre otros).

La lactancia funciona y opera fisiológicamente. Son pocas las condiciones que impiden el normal desarrollo y funcionamiento de la glándula mamaria en esta etapa. Una vez que nuestro hijo/a ha nacido, nuestro cuerpo sabe naturalmente, que debe alimentarlo y comienza a funcionar para hacerlo. Todo lo demás, depende del contexto…

Cuando nos hacemos madres entramos en un proceso en donde operan las emociones, las sensaciones más que las reglas y el pensamiento racional. Emerge la intuición, como aquello que “siento” que tengo que hacer, en vez de lo que “toca hacer”. Aparece una sensación corporal que surge desde dentro, que indica por dónde ir, qué camino tomar, o cuál  sugerencia seguir y qué me hace sentido o no… Si esto se siente con cuerpo se favorece la relación cotidiana con mi hija/o. Entonces puedo percibir también sus ritmos…. sus  necesidades y sus formas de expresarlas… Así, la lactancia también va ocurriendo de forma más armónica y natural  y, desde allí,  la leche también fluye, como complemento del proceso de nutrición y crecimiento.

*Para más información, valor en inscripciones a la charla comunicarse al +56990200704 o a faburto@serbal.cl










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